Por: Fabiola Pineda de Villegas
Presidenta Cruz Roja Colombiana Seccional Valle del Cauca
Hay momentos en los que una tragedia pone a prueba todo aquello que somos como sociedad.
El reciente terremoto que ha afectado a Colombia, y que ha dejado profundas consecuencias en el Valle del Cauca y especialmente en nuestra ciudad de Cali, ha sido uno de esos momentos. Hemos visto el dolor, la incertidumbre y el miedo. Hemos visto familias que, de un momento a otro, tuvieron que abandonar sus hogares. Hemos visto comunidades enfrentarse a pérdidas que jamás imaginaron vivir.
Pero, en medio de todo ese dolor, también hemos sido testigos de algo profundamente poderoso: la solidaridad de nuestra gente.
Desde los primeros momentos de la emergencia, cientos de personas comenzaron a movilizarse de manera espontánea. Algunos con una bolsa de alimentos, otros con agua, medicamentos, elementos de aseo, ropa o insumos para quienes más lo necesitaban, hasta para ayudar a mover escombros. Llegaron familias enteras, jóvenes, niños, adultos mayores, empresas, organizaciones y ciudadanos que, sin que nadie se los pidiera, sintieron que debían hacer algo.
Y lo hicieron.
Muchos no conocían personalmente a las personas que estaban ayudando. No sabían sus nombres, ni sus historias. No sabían exactamente quién recibiría aquello que entregaban. Pero entendieron algo fundamental: cuando alguien sufre, su dolor también nos pertenece como sociedad. Eso es la solidaridad.
La solidaridad no siempre hace ruido. A veces llega en una caja de alimentos. En una botella de agua. En una persona que decide donar parte de lo que tiene. En tender una mano y en escuchar a quien en ese momento sufre un dolor. En alguien que ofrece su tiempo para clasificar ayudas. En quien pregunta qué hace falta y regresa con sus manos llenas.
Durante esta emergencia hemos visto cómo la solidaridad ha logrado tender puentes en medio de la incertidumbre.
Como Cruz Roja Valle, hemos tenido el privilegio de recibir esa inmensa expresión de confianza de la comunidad. Nuestras sedes y en los puntos de recepción, se convirtieron en lugares a los que llegaban constantemente ciudadanos con el deseo de aportar. Detrás de cada donación había una historia y, sobre todo, un mensaje silencioso pero contundente: “No están solos”.
Y quizás ese sea uno de los mensajes más importantes que podemos entregar en medio de una emergencia.
Porque las ayudas son necesarias. Los alimentos son necesarios. El agua, los medicamentos y los elementos básicos son indispensables. Pero también lo es saber que, incluso en los momentos más difíciles, hay una comunidad dispuesta a tender la mano.
En los últimos días hemos visto a personas organizar colectas en sus barrios, empresas movilizar recursos, instituciones sumar esfuerzos y ciudadanos entregar, muchas veces, parte de aquello que tenían destinado para sus propias familias. Hemos visto voluntarios trabajar durante largas jornadas, personas desconocidas convertirse en equipo y comunidades enteras unirse alrededor de un mismo propósito: Ayudar.
Sin embargo, la solidaridad también nos plantea una responsabilidad. Ayudar es un acto de amor, pero hacerlo de manera organizada y responsable permite que esa ayuda llegue realmente a quienes más la necesitan. Por eso es tan importante confiar en las instituciones y organizaciones humanitarias, seguir las orientaciones sobre las necesidades prioritarias y comprender que, detrás de cada donación, existe un proceso de recepción, clasificación, organización y distribución que busca que los recursos tengan el mayor impacto posible.
Cada aporte cuenta. No existe una ayuda pequeña cuando se entrega con el corazón y cuando se suma a la voluntad de miles de personas.
Desde la Cruz Roja Valle queremos expresar nuestra más profunda gratitud a cada ciudadano, a cada familia, empresa, institución, voluntario, directivo y colaborador que ha decidido ser parte de esta gran cadena de solidaridad. Gracias por confiar. Gracias por actuar. Gracias por demostrar que, incluso cuando la tierra se mueve y todo parece incierto, la humanidad puede convertirse en el lugar más firme donde apoyarnos.
Esta emergencia nos ha dejado grandes desafíos y el camino hacia la recuperación será largo. Pero también nos ha dejado una certeza que debemos conservar mucho después de que pase la emergencia: somos capaces de cuidarnos los unos a los otros, sin rencores y sin mirar atrás.
Que esta experiencia nos permita comprender que ayudar no debe ser solamente una reacción ante el dolor, sino una forma permanente de construir sociedad. Que podamos seguir mirando a nuestro alrededor y preguntándonos qué podemos hacer por alguien más. Que sigamos entendiendo que ninguna comunidad puede salir adelante si deja atrás a quienes más necesitan apoyo.
Hoy, más que nunca, Colombia, el Valle del Cauca y Cali nos han demostrado que la solidaridad está viva y que trabajando todos unidos es como debe ser.
La solidaridad es cuando entendemos que la vida de los demás también importa y que estamos dispuestos a ayudar.
Y en estos momentos difíciles, esa ha sido, sin duda, una de las expresiones más hermosas de nuestra humanidad.
